Carta Manifiesto de la Alianza Ceibo
23 de Septiembre, 2026
Desde los territorios de la Amazonia Ecuatoriana, Colombiana y Peruana
Hoy día nuestra organización, la Alianza Ceibo, está recibiendo un reconocimiento mundial por nuestra lucha en defensa de nuestros territorios y nuestras culturas ancestrales. El reconocimiento se llama el “Gulbenkian Prize for Humanity”. Estamos muy felices con este reconocimiento, ya que nos va a fortalecer nuestra lucha desde nuestros territorios. También miramos que es un momento oportuno para contar un poco más de nuestra historia y también comunicar cómo vemos la situación que se vive en nuestra región y en el mundo, y así quizás sembrar unas semillas de resistencia en la imaginación y en los corazones de quienes leen nuestras sencillas palabras.
Hace un poco más de 10 años, entre jóvenes soñadores y mayores sabios y sabias de los pueblos A’i Cofan, Siona, Siekopai, y Waorani, miramos que las amenazas desde el mundo occidental venían día a día, cada vez más fuerte, y que valía unirnos para poder tener mas fuerza y claridad para proteger nuestros territorios y culturas. Muchos nos decían que no iba a ser posible. Que entre diferentes culturas y comunidades es difícil organizarse. “¿Para qué van a luchar contra las petroleras y los mineros? El sistema económico y político mundial es demasiado fuerte”, nos decían.
Desde entonces hemos caminado fuertemente en nuestros territorios, tejiendo sueños de resistencia y dignidad. Hemos construido sistemas de agua de lluvia para que nuestras familias, quienes viven río abajo de los petroleros, puedan tener agua limpia. Hemos construido sistemas de energía solar en las comunidades más lejanas para ayudarles a tener luz en las noches oscuras de la selva. Hemos ganado muchas batallas contra los petroleros y mineros, protegiendo los ríos y bosques de nuestra Amazonía. Hemos construido nuevos sistemas de educación para nuestros niños para que fortalezcan sus raíces y su identidad y su conexión con nuestros territorios. Y ahora estamos soñando aún más grande para nuestros pueblos.
Pero también estamos enfrentando un momento muy difícil en la Amazonia y en el mundo. Aunque está comprobado científicamente que la quema del petróleo está provocando una crisis de cambio climático, la industria petrolera sigue con un apetito incansable para abrir nuevos pozos en la profundidad de nuestros bosques. Hay una nueva “fiebre del oro” también y los mineros están envenenando nuestros ríos con mercurio. Los defensores indígenas nos enfrentamos a más amenazas que nunca. En nuestros países se está viendo que el autoritarismo político está agarrando más fuerza. Y en el mundo vemos que están inventando nuevas tecnologías peligrosas, eso que se llama inteligencia artificial. Parece que piensan que la tecnología nos puede salvar a la humanidad, cuando en realidad no es así; más bien, esa misma tecnología nos pone en más peligro.
¿Por qué pasa todo esto?
Nosotros en la Alianza Ceibo pensamos que la raíz de todos estos problemas, estas crisis, es porque los humanos nos hemos desconectado de nuestra madre, de la única madre que nos da vida: la Madre Tierra. Las civilizaciones industriales y ahora postindustriales decidieron tratar a la Madre Tierra como una despensa masiva, un contenedor sin vida desde donde extraer sin cuidado ni límites. Esto hace que los humanos andemos sin espiritualidad, sin nuestros pies en la tierra, como que desorientados, perdidos, sin humildad, sin sabiduría, sin respeto, sin agradecerle a nuestra madre por el agua que nos da vida, el aire que respiramos, la tierra que nos alimenta.
Para nosotros los pueblos indígenas, los ríos y los territorios son parte esencial de nuestra vida: allí pescamos, nos bañamos y tomamos su agua. Por eso, no queremos la destrucción indiscriminada de los bosques y de los animales, porque el territorio es nuestra casa y la vida que habita en él son nuestras relaciones. Procuramos respetar y cuidar lo que consumimos. El consumo es parte del ciclo de la vida, no un fin en sí, aislado. Esta mirada es la herencia de nuestros ancestros, así aprendimos y así mismo hemos de seguir.
Por eso creemos que nuestra historia también tiene algo que vale la pena compartir con el mundo. Lo que hemos construido no nació desde afuera, vino de nuestros mismos territorios, desde nuestra propia gente, en colaboración con quienes nos acompañan, sabiendo escuchar, sabiendo caminar al lado, sabiendo ser compañero. Y queremos seguir caminando largo, todavía tenemos mucho que aprender, pero este tiempo nos ha demostrado que si las comunidades nos organizamos y los pueblos nos unimos, somos más eficaces en la defensa de nuestra casa y así podemos brindar soluciones reales.
Quizás ese sea el aprendizaje más importante que podemos compartir: que la respuesta también puede estar en volver a encontrarnos, a organizarnos y a caminar juntos. Volver a poner nuestros pies sobre la tierra. Mientras el sistema que pone en peligro a la tierra y a la humanidad nos quiere rodear cada vez más con los pozos petroleros y concesiones mineras y arrinconar cada vez más en las pantallas y las ilusiones digitales, nosotros pensamos que hay que pasar más tiempo en persona organizándonos, conversando, construyendo juntos y con nuestras manos, caminando, conociendo, aprendiendo y cuidando nuestros territorios. No tenemos todas las respuestas, pero seguimos buscando y construyendo en colectivo, con nuestros pueblos al frente. Desde los territorios, queremos seguir sembrando esta semilla de unidad, no solamente como parte de nuestra lucha, sino también como una forma de construir un futuro más digno para todo el mundo.