El agua como un lugar sagrado: Historias ilustradas desde la Amazonía
Ilustrado por Shen Aguinda
En la cosmovisión indígena amazónica el agua es más que un río, una laguna o un estero. Es un lugar donde habitan seres espirituales, guardianes, sirenas; donde se siembran peces, donde vive una mujer que se convirtió en anaconda, es un lugar que visitan los sabios a través de la medicina.
Líderes y lideresas indígenas de las nacionalidades Siona, Siekopai, A’i Cofán y Waorani de la Amazonía ecuatoriana nos cuentan historias que escucharon de sus abuelos acerca de su relación con el agua.
El ilustrador Shen Aguinda (A’i Cofán) interpretó estas historias a través del dibujo para conmemorar el Día Mundial del Agua.

Wilmer Piaguaje, Siekopai, recuerda a Okome y Waisa’same Nomio, dueños del agua que siembran los peces en los ríos.
Transcripción
Waisa’same Nomio la mujer y el hombre Okome. Son los dueños del agua que controlan las épocas, que emiten peces para todos los ríos.
El esposo acompaña a los peces durante la época de subida, en agosto. Y acompaña a la mujer en los meses como ahora, en los que va a venir la lluvia: marzo, abril, mayo, junio. Las épocas en que desovan los peces. A eso le consideran ir a sembrar maíz. Nosotros decimos desovan: ponen los huevos, pero no es eso para ellos; es sembrar maíz.
No son seres de nuestro tamaño; son pequeños. Con el cabello largo, la mujer con adornos en los brazos, que tiene unas plantitas bien olorosas. Este se llama Paikoka, se’u. El hombre es de tamaño pequeño. Se visten con vestimenta blanca. No pintan con achiote.
La mujer tiene en las puntas de la falda, como adornos, y lleva los pececitos ahí, colgados. Y los collares del varón, del hombre, el Okome, están como amarrados los pececitos, colgando de su collar. Estas palabras que yo tengo las tengo porque mi abuela, mi abuelo, algunas noches de ceremonias de yagé con mi abuelo; igual iba contando, íbamos preguntando y es muy bonito.



Emergildo Criollo, A’i Cofán, nos cuenta cómo el agua puede abrirse como una casa donde los chamanes encuentran boas y sirenas.
Transcripción
Los chamanes son expertos en meterse en el agua porque, para los chamanes, el agua no es agua: es una casa.
Ellos tomando yagé no ven agua, se ve como puerta para entrar dentro del agua porque ahí adentro se encuentran boas, sirenas, para contactar con ellos y después conversar. O si la sirena hace mal a los niños pequeños, aconsejarles para que no lo haga. Y si la boa intenta tragar a la gente, aconsejar para que no haga. También para las sirenas, el agua es una casa.
Ellas, sirenas, no tienen hombre, solamente mujeres, pero no quieren saber nada de una mujer que camina por un estero donde viven esas sirenas, con su periodo. Y si ella huele feo, (la sirena) va a perseguir hasta matar. Si una señora pasa con recién nacido el bebecito, hasta matar.
Sirena llega y coge atrás el cuello; se quiebra y mata ahí mismo. Un ratico nomás.
La boa también dice que no es una boa para los chamanes, porque nosotros, como no se puede ver así a simple vista dónde viven ellos, pero pensábamos que vive de la tierra o del agua, pero dicen que vive más en el agua. Boas son algunos también chamanes, las boas chamanes. Chamanes buenos y chamanes malos.
La boa chamán malo dice que pone su trampa donde pasan los animales o donde pasa la gente para que se enreden y se absorban en el río porque si un Cofán no es chamán, ya entrando al agua, ya se muere. Por eso, ellos absorben con su poder para tragar, metiéndose en el agua.

Jairo Irumenga, Waorani, recuerda la historia del hijo del sol y cómo la naturaleza le castigó con truenos y relámpagos.
Transcripción
Con la llegada del hijo del sol, los Waoranis cuentan que a veces la naturaleza se enoja. Luego de que su propio abuelo destruye la vida de su nieto.
Primero, como es en la selva… vida de un niño normal. Le gusta jugar. Los abuelos llevan a la chacra y empiezan a tumbar. Entonces, el niño no obedecía; sólo quería jugar y no ayudaba a tumbar. Entonces, el abuelo se enoja de forma brutal, destruye la vida o, digamos, mata, ¿no?
Entonces, una vez que él muere, como que se olvida y al siguiente día regresa a la chacra, donde se da cuenta de que, si no hubiese matado a su nieto, le hubiese ayudado y (estaba) arrepentido. De repente se escucha cerca de una playa el ruido de un niño gritando. Entonces, se asoma así escondido, viendo ahí, escondido. Ve que un niño está yendo en una playa de una esquina a otra esquina, lanzando piedras y gritando.
El señor, en ese momento, piensa y dice: «Este es mi nieto. Tengo que recuperar a mi nieto.» Entonces, él, a escondidas, va como llegando, llegando, llegando y agarra a su nieto que él mismo había matado.Y en el momento en que él le agarra, la naturaleza responde.
La naturaleza responde con truenos y relámpagos, y él empieza a gritar: «¡No, Dios, no me destruyas, estoy recuperando a mi nieto!
¡No, Dios, no estoy matando a nadie; estoy recuperando a mi nieto!» Así gritando él, entonces empieza a llegar mucha lluvia en donde los Waoranis cuentan que se acabó definitivamente el fuego que tenían prendido en sus casas. El agua apagó el fuego que tenían, como castigo.



Alicia Salazar, Siona, nos cuenta sobre la anaconda, madre de los peces que habitan el río.
Transcripción
Dentro de los ríos hay espíritus que a simple vista no se los puede ver, que los podemos ver a través de la espiritualidad cuando tomamos la planta sagrada. Se nos revelan a través de los sueños también y también a través de la espiritualidad. Nuestros sabios se convertían en anacondas y se iban, a viajar por el río cuando hacían sus ceremonias. La anaconda es como la madre que cuida de todos los alimentos, los peces.
Cada vez, pues, con todo lo que estamos viviendo, todo esto del cambio climático, estos espíritus cada vez se van yendo y nuestros ríos, pues, se están secando.
Por toda la contaminación, por todos los ruidos. Ellos también necesitan estar en un espacio de tranquilidad. No solamente hay agua, ríos y lagos, sino que ahí hay muchos espíritus, los cuales nos ayudan en nuestra vida diaria al convivir con los pueblos indígenas en los territorios.
Créditos
Texto y entrevistas: Michelle Gachet
Edición: Erika Castillo, Omar T. Bobadilla
Ilustraciones: Shen Aguinda
Fotos: Ezequiel Mojo, Michelle Gachet, William Kano
Diseño web: Mónica Aranda
Traducción: Alejandra Pérez